Ensayo de opinión sobre la difusión y promoción de artistas en México.
“Cada quien su chamba”
Ensayo de evaluación final para el Seminario de Promoción y Difusión Artística. – (2013)
El
arte en México, como muchas otras cosas, tiene diferentes puntos de vista,
existen tantos “Mexicos” como
estratos sociales, y la distancia entre una economía y otra es tan extensa como
el territorio nacional, podríamos abordar la sumamente escalonada pirámide
social y económica y encontrarnos un mercado para el arte igualmente complejo y
poco prolijo en cada uno de sus escaños, lo que nos hace suponer que no es el
poder adquisitivo, ni la situación política del país en un panorama general, el
principal enemigo de los artistas emergentes en su propia tierra, sino el
enmarañado complejo cultural del que todos somos parte desde nuestras propias
trincheras, aventando bombas a ciegas hacia el altamente contaminado entorno
visual de las artes.
Debemos aterrizar geográficamente al lugar donde
nos encontramos, y aunque existen algunas honrosas excepciones, el gran grueso
de los artistas no encontrarán el reconocimiento y fama mundial en el
extranjero, ni serán invitados a exposiciones internacionales en países que si
cuentan con políticas culturales internacionales bien estructuradas y que
ofrecen a artistas extranjeros oportunidades de producción oníricas con una
forma de vida plena y llevadera junto con la posibilidad de realizar propuestas
poco o nada comerciales con un alto contenido conceptual que permita hacer
aportaciones importantes en el mundo del arte.
Como un ejemplo podemos hacer una minuciosa observación al micro cosmos del entorno del arte, y una de las fallas que encontramos es precisamente el esfuerzo innecesario y en
algunos casos infructífero de algunos artistas por auto promocionarse,
dedicando largas horas de búsqueda de una oportunidad o un foro donde ser
expuestos, y peor aún para aquellos genios creativos, de grandes dotes
intelectuales, con talento y destreza técnica, que lamentablemente carecen de
gracia y carisma para los eventos sociales en los que se ven empujados a poner
su mejor sonrisa con cuanto promotor se encuentran tratando de llamar la
atención de alguno de ellos para tener unos minutos de su tiempo.
Por otro lado; no es regla general, pero en nuestro país tener
buenos contactos, conocer a la persona indicada, y tener facilidades económicas
suelen ser características en común de personalidades que ya se encuentran
dentro de las valiosas carteras de las galerías más caras y prestigiosas del
país, así como de las colecciones privadas de particulares y empresarios y en
los espacios alternativos dentro de los complejos más importantes de las principales
ciudades. Mientras
otros espacios no tan de élite, sufren el golpeteo de la inflación y de la
frágil economía entorno al arte que provoca que cada año surjan y desaparezcan
galerías, ONG’s, AC’s, y toda clase de colectivos culturales que buscan dar
empujones hacia adelante con sus propuestas.
Estos últimos, así como los museos comunitarios,
casas de cultura, embajadas, e incluso instituciones de gobierno, gastan muchos
recursos, personal y más esfuerzos para llenar los espacios con que ellos cuentan para nuevas propuestas, sin embargo, la
falta de presupuesto y de buenas experiencias con las exposiciones les dejan un
panorama limitado de lo que hay “disponible” en el catálogo artístico nacional.
En
general, se busca que estas propuestas sean rentables, viables y sostenibles, además
de atractivas,no importa si es video, sonoro, instalación, pintura, escultura,
performance, ecológico, relacional, educativo, o de protesta, tiene que haber
un costo-beneficio para quien brinda los espacios y los recursos, incluso las
becas, buscan un resultado o un producto final obtenido con tan preciados y
limitados recursos, y no sólo se trata de rendir cuentas, si no de llegar a
resultados concretos, pero, ¿Cómo podría
generar resultados un artista que no tiene tiempo para trabajar en sus
propuestas porque está muy ocupado tratando de auto gestionar su carrera?
Por supuesto que los artistas en México al igual
que muchos otros profesionales deben y merecen dedicarle tiempo al estudio, a
la investigación, a la publicación de los resultados, a la difusión de los
materiales de consulta que sirvan como guía a los artistas de las generaciones
venideras; tienen que dedicarse arduamente, para dejar el legado de su
producción y reflexión artística como parte del desarrollo cultural de nuestro
país, algo palpable y objetivo. Los artistas tienen la obligación auto-impuesta
de trabajar mucho en jornadas extensas por crear un patrimonio cultural en todos
los ramos del arte. Un artista plástico tiene la capacidad y las facultades de
llevar una seria influencia en todas las ramas de las artes, el cine, el
teatro, la música, la pintura, la escultura, la danza y los nuevos retos que
traigan en el futuro la globalización de la información y los medios
electrónicos, pero siempre se encuentran limitados por la
falta de tiempo y recursos.
Existen las instituciones, y como no son
suficientes existen grupos trabajando en crear medios y alternativas de
espacios y distintos foros, pero les cuesta mucho trabajo conseguir los
contenidos con las características que sus esfuerzos merecen. Y
también existen escuelas de arte en México de primer nivel, con las
instalaciones pertinentes, y con programas de estudio que constantemente buscan
crear el perfil de los profesionales del arte que necesitamos, pero estos a su
vez, generación tras generación van desertando, o en el mejor de los casos
terminan la carrea y no se titulan en años, o se titulan y no continúan con
proyectos de posgrado, y es que poco a poco desde que ingresan a la carrera y
conforme pasan los años se quedan en blanco con sus obras almacenadas y sin
oportunidades de ver la luz o de lograr exposiciones y van desistiendo o
cambiando el perfil de su profesión por algo más lucrativo, y a veces ajeno al
quehacer artístico.
Hay
mucho que hacer y el camino no se ve con claridad, por lo que debemos realizar
una pausa en este punto y hacer uso de la creatividad característica de nuestro
pueblo, tratando de observarnos desde un punto de vista nuevo, ajeno, lejano,
opuesto y extranjero, debemos de tomar el papel de observadores desde una de
esas muchas aristas de las que tenemos un panorama diferente.
Lo que hace falta es gente comprometida con el patrimonio cultural, gente
interesada en la búsqueda del verdadero talento y en llevar las propuestas a
los espacios más adecuados para cada una, gente muy especializada, pero sobre
todo muy responsables con su labor y que trabaje arduamente en respuesta del
trabajo artístico bien ejecutado. Con la capacidad de visión de negocio, con el propósito de construir puentes que
acerquen los medios a los artistas y a su vez, artistas a las instituciones y
los espacios alternativos y museales donde son requeridos.
El término de Gestión Cultural es relativamente nuevo, pero diversos
organismos se han dado a la tarea de ir creando el perfil necesario para estos
profesionales del arte que no son productores artísticos, pero en la medida que
logren posicionarse en el mundo del arte conseguirán crear estos puentes de
convergencia que hace falta afianzar en el país.
Uno
de los puntos más importantes que no deben ser perdidos del rumbo de un buen
Gestor Cultural, deberá ser siempre el entorno y la comunidad del público al
que está dirigido un proyecto, en la medida que se logre conjuntar esta
comunión de espacio-creador artístico el resultado será más fructífero y
provechoso para la comunidad en cuestión y esta pequeña suma de éxitos conseguirá
formar una red a lo largo de todo el territorio nacional.
El
artista entonces, con el conocimiento pertinente del medio, podrá buscar el
apoyo y la asesoría de un consultor especializado en medios de comunicación,
convocatorias, instituciones de arte, patronatos, fideicomisos, casas de
subasta, páginas de Internet, redes sociales, becas estatales, organismos
internacionales, fondos gubernamentales, espacios alternativos, y
trans-disciplinariamente también con investigadores, científicos,
historiadores, antropólogos, arqueólogos, universidades, laboratorios, e
incluso empresas de la iniciativa privada que requieran de las capacidades y
actividades pertinentes de los artistas para actuar en función de sus
necesidades, ya sea de entretenimiento, de concientización, de difusión, o en
legítima defensa del patrimonio cultural y artístico del país.
Sea
cual sea el método de acción de un Gestor Cultural su compromiso debe ser con
los fines y propósitos de la cultura, el entorno y el patrimonio, pero también
debe tener la sensibilidad y el criterio de respetar el trabajo del artística
con ética, responsabilidad y el valor intrínseco que lleva cada obra de la
manera que lo haría el artista si realizara esta autogestión. Hasta aquí,
pareciera que el Gestor Cultural más que un ser humano, fuera un santo en calidad de misionero,
pero es importante entender que en la medida que los Gestores Culturales logren
su aparición en el escenario actual del arte en México, se requerirá la creación
de los órganos pertinentes para mantener sus funciones y su labor. Ya sea por
medio de Organizaciones No Gubernamentales, o apoyos internacionales, o de instituciones públicas; y debemos
entender todos que la labor del artista es sólo responsabilidad del artista, y
que la aparición indudable de estas figuras de mediadores en el mundo del arte
responde a una necesidad urgente de crear resultados en la cultura en nuestro
país.
Si respetamos y valoramos a estas figuras, la
función de los Gestores sobrevivirá lo suficiente para afianzarse e
institucionalizarse, esperando que no se convierta en un gremio excluyente,
sino al contrario, que perpetúe en el arte esa figura incluyente entre los
pueblos y las comunidades más recónditas del país hasta las grandes urbes y
galerías más prestigiosas, y que la finalidad de su labor tenga el enfoque de
proyección internacional que posicione a México como un país productor de arte
de primer nivel, con la mejor calidad y con una economía que domine el mercado
global con arte Mexicano a nivel mundial.
Sol Guzmán.
“Árbol de Tierra”
Guión elaborado como material de apoyo para la gestión de la exposición – (2013-2015)
Árbol
de Tierra
1
Árbol de Tierra,
propuesta de vinculación del Museo Anahuacalli con la comunidad.
El proyecto original es autoría de un joven artista mexicano, el Maestro Iván Salcedo "Maracho", este es su proyecto de maestría en la Facultad
de Posgrado de la Universidad Nacional Autónoma de México- ENAP.
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Partiendo de las características de una propuesta cultural donde a
través de una metodología que administra la energía humana, posee rasgos
distintivos espirituales, materiales, intelectuales o afectivos de una sociedad
o grupo colectivo, que además comprende los estilos de vida, las formas de
convivencia, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias teniendo
como característica la capacidad de adaptarse a diferentes contextos y
circunstancias para alcanzar los resultados concretos y de impacto en su
público dentro de los límites de un presupuesto y tiempo determinados, además de
los ejemplos de éxito que pudimos ver durante anteriormente donde proyectos como
el de transcomunalidad de Laura Anderson Barabata nos dan un ejemplo de la
importancia del trabajo de los artistas conceptuales contemporáneos, así como
en el llamado arte relacional donde recrean con éxito los vínculos necesarios
para llegar a la comunidad con los recursos que su sensibilidad artística les
proporciona.
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En base a estas afirmaciones, me permito presentar la propuesta del
artista Iván Salcedo “Maracho” para llevarse a cabo en el museo Anahuacalli.
Licenciado en comunicación visual por la Universidad de Colima, ha realizado
estudios en la Universidad de Valparaíso en Chile, la maestría en Artes
Visuales en la ENAP en el área de Arte Urbano, y se ha desarrollado de manera
multidisciplinaria en estudios como Filosofía, Arquitectura, Estudios de la
Lengua Maya y Nahuatl entre otras y actualmente es investigador, videasta a nivel nacional e internacional,
con un diplomado en Problemáticas y Transformaciones Contemporáneas del
Arte, es miembro de un colectivo en
Colima denominado “Que brote la semilla” en el que se promueve la cooperación
intercultural con instituciones nacionales y extranjeras y recientemente
participó en el noveno Simposio Internacional del Posgrado en Artes y Diseño de
la ENAP y la UNAM “Arte, Diseño y Entorno, Procesos de investigación,
Producción y Creación en las Artes, el Diseño y la Comunicación Visual. Y en
este espacio fue presentada la propuesta que estamos abordando.
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La humanidad como un árbol en el mundo. Una propuesta a partir de algunas láminas del
código de Borgia.
En esta presentación el planteamiento del Árbol de tierra se
desarrolla de tal manera que pareciera estar destinado específicamente para
llevarse a cabo en el espacio arquitectónico del Museo Diego Rivera, ya que
está perfectamente vinculado con el discurso del museo, se trata de una
propuesta elaborada desde Colima y que llega a este recinto para encontrar el
sitio ideal donde culminar una exposición itinerante que llevará su mensaje a
diferentes puntos de la ciudad y del país. La investigación realizada
reflexiona y propone el concepto y la práctica de humanidad, y la función
que cumplen las imágenes sobre nuestro entendimiento del mundo. Y la propuesta parte de las imágenes encontradas en el Códice Borgia, en base a la
cosmovisión de la cultura náhuatl clásica del altiplano central, que hablan
sobre cinco árboles que sostienen la bóveda celeste, que es el universo, estos
significan y representan cinco lugares o rumbos (este, oeste, norte, sur y
centro) a partir de los cuales es posible la vida sobre la tierra.
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¿Y cuál es este significado al que nos referimos?, pues bien,
afirmamos en esta propuesta que toda forma de vida necesita de una imagen para
existir en nuestra realidad humana, así es que
las cosas que no vemos también son parte fundamental en la construcción
de nuestra realidad visible con los ojos, y perceptible con todas las formas que
existen de ver, pero principalmente en la construcción de un territorio que
defina nuestra manera de vivir. Así mismo, existen imágenes y conceptos que no
tenemos totalmente identificados o bien definidos, pero son reales y por lo
tanto participan en nuestra construcción de la realidad, pero al no encontrarse
dentro de nuestro conocimiento o vocabulario las ignoramos o nos causan
incertidumbre.
Aquello que llamamos
humanidad está constituido por manifestaciones anímicas y mentales diferentes,
y estas condicionan o son condicionadas por el entorno, por lo que muchas de
las representaciones que nos forjamos tienden a ser semejantes a las producidas
por otras personas y son concebidas como
representaciones sociales.
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Estas representaciones sociales
podemos encontrarlas en la cosmovisión de la cultura náhuatl, donde son
condicionadas por su participación colectiva y tienen la doble función de hacer
que lo extraño resulte familiar y que lo invisible resulte perceptible, por lo
tanto, estas representaciones son en sí mismas la humanización del entorno y actúan como formas de conocimiento
práctico en la acción e interacción del hombre y la mujer con el mundo social y
natural, pero además existen otros tipos de lenguajes como arquitectura e instalación, que permiten humanizar el entorno y hacer un conocimiento práctico
de él.
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Esto llevó la búsqueda del artista Iván Salcedo hasta una construcción
efímera de un horno de ladrillo donde se cuece el mismo ladrillo con el que
posteriormente se construye. Esta construcción implica un oficio colectivo y
comunitario que pone de manifiesto una imagen o representación colectiva que
ilustra metafóricamente la construcción de la humanidad como una obra efímera
que perdura con el tiempo, y que recorrerá en una exposición itinerante
diferentes sitios llevando con él su mensaje y el mensaje del museo Anahuacalli.
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El discurso del museo y la intención de Diego Rivera están
estrechamente vinculados a la propuesta ya que la intención con la que fue
creado puede llamarse humanidad, y el árbol de tierra hace manifiesta a la
humanidad más allá de un concepto o una idea, y ambos son edificios habitados
por esta colectividad de entidades anímicas, y tienen por sí mismas una
similitud en la forma de la estructura de ambas.
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Árbol de tierra es una propuesta de instalación y arquitectura
efímera. Consiste en la construcción de un horno tradicional para cocer
ladrillo, fabricado de manera artesanal con aproximadamente 4,000 piezas de
tabique, pensado para que los visitantes puedan desplazarse alrededor del ojo
de agua artificial por todas sus perspectivas, y en caso de que la temporada de
lluvias se haga presente, forme parte del espectáculo ya que se está realizando
esta propuesta considerando que el montaje se lleve a cabo entre los meses de
Julio y Agosto del siguiente año. El tiempo de duración de la muestra está
considerado en base a la durabilidad de los materiales y a su exposición del
clima exterior, dado a que se trata de una obra efímera podría proponerse de
entre 4 a 5 semanas, aunque pudiera extenderse en caso de realizar las acciones
necesarias para darle mantenimiento a la estructura periódicamente para que
continúe en óptimas condiciones. Los materiales principales son ladrillos de
adobe, arcilla y agua. La construcción y el montaje está calculado en 6 días, 4
para la construcción del horno y 2 para lograr el espejo de agua con el
perímetro de ladrillos, este proceso será llevado a cabo por un maestro
ladrillero junto con el artista en persona. El museo Anahuacalli, además de
facilitar las instalaciones, deberá facilitar la difusión y promoción de la
exposición que incluye el evento de inauguración. El día del evento, Iván
Maracho realizará una exposición de
material audio-visual del proceso y las personas que participan en la
elaboración artesanal del ladrillo, además de las experiencias recogidas de los
diferentes lugares donde se exponga la pieza, resaltando sobre todo la
importancia de presentar la pieza dentro del recinto del Anahuacalli. Esto
permitirá transmitir la intención y el vínculo entre el Árbol de Tierra y el
museo.
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El montaje, junto con la exposición efímera e itinerante en las
diferentes sedes, busca concentrar la mirada y energía del público al montaje
final en el Museo Anahuacalli, donde se encuentra el eje del profundo
significado y retribución de ambas construcciones. Durante la estancia del
artista dentro del museo deberá ser programada una sesión de capacitación para
todo el personal del museo, donde se les explicará la intención de la pieza, el
propósito y la forma en que funciona un horno tabiquero, para que ellos a su
vez transmitan el mensaje correcto a los visitantes del museo.
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La secretaría de cultura del Estado de Colima y el Centro de Formación
y Producción de Artes Gráficas de Colima “La Parota” están financiando el costo
del ladrillo para su compra en la ciudad de México y en el Estado de Colima,
por tal motivo será necesario dar crédito a estas instituciones para lo cual se realizarán ladrillos de
tabique especiales con los logotipos de todas las instituciones involucradas,
incluyendo el logo del Anahuacalli, cada pieza tendrá las medidas de 30cm x
40cm x 5cm, serán realizadas en Colima y serán colocadas al frente y al centro
del árbol de tierra integrándose simbólicamente a la construcción del horno.
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Para Iván Salcedo es muy significativo que una de las sedes de la obra
será precisamente frente a uno de los edificios más representativos del
arquitecto Juán O´Gorman, en el espejo de agua frente a la rectoría de CU, ya que se interpreta como una forma de presentar
el respeto y reconocimiento de la invaluable aportación del arquitecto al museo
Anahuacalli.
(Este proyecto continúa creciendo y se irá actualizando constantemente http://arboldetierra.wix.com/proyecto)
Crítica reflexiva del texto “Animal Sex: Libido as Desire and Death” de Elizabeth Grosz
“El sexo animal y los misterios del deseo humano”
Ensayo seleccionado para la beca de “Fundación Jumex”. – (2014)
El texto parte de la afirmación de que el sexo no tiene ningún misterio para el animal, y lo aborda en un principio desde la perspectiva de las relaciones sexuales heterosexuales de la manera en que nosotros las observamos como objeto de estudio, en referencia a las necesidades y expectativas del género femenino y masculino en lo que denomina, una fantasía dominante que gobierna el pensamiento de las relaciones entre los sexos, que deja de lado un sinnúmero de factores que afectan las relaciones entre ambos géneros, afirmando que, en gran medida, han desarrollado eventualmente lascivos intereses, explorados de manera más profunda en la obra de dos autores, uno es el sociólogo francés Roger Caillois, co-fundador de la escuela de sociología, con una propuesta temprana y anticipada de una “filosofía” o tal vez “antropología” de lo post-humano, y el otro autor es el filósofo americano Alphonso Lingis, quién ha escrito sobre el orgasmo, los placeres corporales, la lujuria y la sexualidad, obteniendo de ambos un panorama de los placeres y las prácticas sexuales que pueden ayudar a especificar que es masculino acerca de las representaciones de las sexualidades humanas y no humanas.
Me resulta muy interesante sobre todo la adaptación que hace en cuanto a la comparación del fenómeno de mimetismo de los insectos con la psicosis psicastenia (legendary psychasthenia) y la desintegración del vínculo que ata a la conciencia de su cuerpo donde el sujeto se siente fuera de él o ella misma, como en la despersonalización, donde lo que está dentro puede ser percibido como procedente de otro, analogía que me recuerda al trabajo de Alfred C. Kinsey en cuánto a su estudio sobre las abejas y la forma en como éste lo llevó a reflexiones relacionadas con la sexualidad humana, en este caso, descubre que la hembra de la mantis religiosa decapita al macho apara facilitar movimientos coitales más vigorosos y lo compara con una castración simbólica de la mujer hacia el hombre con el automatismo del macho durante el coito, dentro de una temática afectiva que se deriva de una manera particular de concebir la relación entre el amor y la muerte y la ambivalente noción de encontrarse el uno dentro del otro.
Sol Guzmán.
Ensayo sobre actos suicidas como forma de resistencia "Necropolítica".
“La Conciencia de Morir”
Ensayo de evaluación final para el Seminario “La Comunidad de los Amantes”, Arte Político y Modos de Sociabilidad Contemporáneos. Fundación Jumex. – (2014)
Una
vida es como la flama de una vela. Baila en la punta del pabilo sobre el
pedestal de parafina blanca que cede ante el calor derritiéndose y se derrama
por los finos bordes pálidos y fríos, que languidecen con el pasar del tiempo
en cuenta regresiva marcando la extinción de la llama ardiente, mientras
consume el combustible vital, su último suspiro dejará atrás una leve y tenue
línea de humo, hasta perderse en el infinito. Una vida humana es un legado, un
espíritu pasajero que rasga la temporalidad del universo dejando cicatrices y
marcas diminutas en la totalidad del tiempo y el espacio pero en su conjunto
son el testimonio de la existencia de la humanidad sobre la faz de la tierra.
Arrancarse la vida.
Mirarse
al espejo sin reconocer al otro yo que
habita en el espejo, revivir una y otra vez dentro del pensamiento el dolor y
placer físico de una filosa navaja atravesando la fibra de capas de piel que
recubren las venas que atraviesan las muñecas de las manos, acariciando los
tendones y músculos muy de cerca para dejarlos florecer entre borbotones de
néctar rojo tibio y espeso, dejar salir nuestro interior de una forma tan
deliciosa y fluida que la sola experiencia nubla de éxtasis el dolor, el miedo,
la rabia y el coraje de afrontar la vida y su eventualidad, con angustia y
furia exorbitada, no es aquél que se ha rendido el que se corta las venas, se
necesita un puño firme y apretado que sostenga la navaja lleno de adrenalina
con el corazón apesadumbrado, fuerte y agitado golpeando como queriendo salir
expulsado del pecho hasta la última bocanada de aire que exhale el cuerpo
agonizante de un ser que deja de serlo por la renuncia de existir en un plano
dimensional carente de sentido para el entendimiento mortal.
Existir como un ente.
Un
ejemplo como el anterior, para mí, refleja lo humano en contrapunto ante lo
necropolítico, cuándo la cosificación del ser humano propia del capitalismo en
la paradoja del intercambio y la superabundancia del exceso, choca con las
posibilidades de realización del sujeto fuera
de un régimen post-colonial, ya que en dado caso de encontrarse en un estado de
excepción totalitarista, o en estado de sitio durante una confrontación bélica
así como en los campos de concentración
y exterminio Nazi donde el rigor soberano de violencia destructiva, del
poder absoluto sobre la vida y la muerte despojan de estatus político al
individuo en una suspensión temporal del estado de derecho quedando fuera de
toda posibilidad de convertirse en un agente íntegramente moral, debido a la
generalizada instrumentación de la existencia humana y de la destrucción
material de los cuerpos humanos y de poblaciones enteras donde su situación
geopolítica los ubica en el lugar donde la muerte es la putrefacción de la
vida, o la muerte como la recompensa de
la vida eterna a través de una vida de sufrimiento, carencia y abnegación ante
la soberanía de la colonia, cuando el trabajo se visualiza como el vehículo de
la auto-creación histórica del género humano.
Personas
que fueron sustraídas a la fuerza de su condición social bajo una labor
militarizada de colapso, la distinción entre estado y sociedad y el terror
revolucionario con la total erradicación de las condiciones humanas básicas que
los mantiene en un estado de pérdida
constante; perder su hogar, perder sus derechos sobre su propio cuerpo, y
perder su estatus político. Esta triple pérdida es idéntica a la dominación
absoluta, a la alienación de nacimiento, y la muerte social en expulsión fuera
de su humanidad, en un estado de esclavitud que es visto como un instrumento de
trabajo y por esta condición tiene un precio y es tratado como una propiedad
cosificada con un valor determinado cuyo trabajo responde a una necesidad y es
utilizado, y por lo tanto se le mantiene con vida pero mutilado en un mundo
espectral de horror, crueldad y desacralización intensos, como una forma de
muerte en vida, una cosa poseída por otra persona, una sombra personificada.
La
colonia representa el lugar en el que la soberanía consiste fundamentalmente en
el ejercicio de un poder al margen de la ley, regida por una sociedad donde la
percepción de la existencia del otro es
como un atentado a la propia vida de los ciudadanos, como una amenaza mortal o
un peligro absoluto cuya eliminación biofísica rebozaría el potencial de vida y
de seguridad. Es en otras palabras la domesticación de la guerra y la creación
de un orden jurídico que se aplica especialmente al derecho de guerra de tomar vidas donde matar o acordar la paz
se considera una de las funciones principales de todo Estado.
Así
es como persiste el terror llamado “necropoder”
donde además se implementan prácticas de terror e histerismo con la
dinámica de fragmentación territorial, la prohibición del acceso a ciertas
zonas, y la expansión de las colonias con el doble objetivo de que todo
movimiento se vuelva imposible para poder llevar a cabo la segregación según el
modelo de Estado del apartheid,
dividiendo los territorios ocupados en una compleja red de fronteras interiores
y de células aisladas. En estas circunstancias, la ocupación colonial no sólo
es sinónimo de control, vigilancia y separación sino que también es sinónimo de
aislamiento, que conlleva a la proliferación de espacios de violencia tóxica
que se traduce en milicias urbanas, ejércitos privados, ejércitos locales,
empresas de seguridad privadas, ejércitos estatales y hasta pequeños grupos de
autodefensas, donde estados vecinos y grupos de rebeldes alquilan ejércitos a
los estados más pobres.
La
violencia no gubernamental conlleva a que cada vez más, la amplia mayoría de
los ejércitos sea compuesta de ciudadanos-soldado, niños-soldado, soldados y
corsarios, todos ellos proclamando a la vez su derecho a ejercer violencia y a
matar. Aquí es donde se haya una forma inédita de gubernamentabilidad mediante
la gestión de multitudes con métodos brutales de inmovilizar y neutralizar
espacialmente categorías completas de personas o, paradójicamente liberarlas
para forzarlas a diseminarse para ser disgregadas más tarde entre rebeldes,
niños-soldado, víctimas, refugiados, civiles convertidos en discapacitados por
las mutilaciones sufridas, mientras que los “sobrevivientes” tras el horror del
éxodo, son encerrados en campos y zonas de excepción.
Matar o morir.
El
terror y la muerte no se sitúan en distintos lugares, si no que se encuentran
en el centro de cada una donde hallaremos la lógica de mártir, y el terror y la libertad con la lógica de
supervivencia ya que el sobreviviente es aquél que ha caminado por el sendero
de la muerte, se ha visto a menudo entre aquellos que han caído, pero todavía
sigue vivo, logrando no sólo escapar sino matar al atacante. Por ello, en gran
medida, matar constituye el primer grado de supervivencia, y de una manera
aberrante el horror experimentado durante la visión de la muerte, se torna en
satisfacción cuando le ocurre a otro.
Mientras
tanto, la lógica del mártir se encarna por la figura del “Kamikaze” que genera un intercambio radical entre el modo de matar
y el modo de morir, ya que este individuo no lleva uniforme de soldado y no
exhibe armas. El candidato a mártir acorrala a su objetivo, el enemigo es una
presa a quien le tiende una trampa en los espacios de la vida cotidiana, esto
aunado a la trampa del cuerpo que se transforma en una mascara escondiendo el
arma a punto de ser activada, que a diferencia del tanque o el misil claramente
visibles, el arma contenida en el envoltorio del cuerpo es invisible,
disimulada y constituye una parte de ese cuerpo y está ligado de forma tan
íntima a él, que en el momento de la detonación lo aniquila. El cuerpo del
portador se lleva consigo el cuerpo de otros, cuando no los deja reducidos a
pedazos. El cuerpo no sólo esconde el arma, sino que se transforma en arma, y no
en un sentido metafórico, sino literal balístico.
En
este caso particular mi muerte va
pareja de la muerte de otro en un homicidio-suicidio que se llevan a cabo en
una única acción, visto de otro modo, resistencia y autodestrucción son
sinónimas y en este caso matar requiere acercarse tanto como sea posible al
cuerpo del enemigo, para provocar la explosión de la bomba hay que resolver la
cuestión de la distancia, a través del juego de la proximidad y el disimulo, y
el coste de mi supervivencia está calculado en función del hecho de que soy
capaz de matar a otro y estoy listo para ello, ya que mi voluntad de morir se
fusiona con la posibilidad de eliminar la vida para todos en una nueva semiosis
del asesinato. El cuerpo del mártir no está necesariamente fundado sobre una
relación entre forma y materia cuando el cuerpo como tal no es un objeto de
protección contra el peligro y la muerte ya que en sí mismo no tiene poder ni
valor, es entonces cuando el mártir al haber establecido un instante de
supremacía en el que el sujeto triunfa sobre su propia mortalidad puede
percibirse con otro significado, ya que en la muerte el futuro se desvanece en
el presente.
Otra
manera de entenderlo, es que en su deseo de eternidad, el cuerpo en estado de
sitio pasa por dos fases, primero es transformado en cosa insignificante, en
materia maleable, y después la forma en la que es conducido a la muerte por
medio del suicidio le otorga su significación última cuando la materia que es
el cuerpo se ve investida de propiedades que no pueden percibirse de su
carácter de cosa, sino de algo trascendental fuera de él, se duplica y en la
muerte escapa literal y metafóricamente al estado de sitio y a la ocupación.
La conciencia de estar
vivo.
Ser
para la muerte humano, es la condición de toda verdadera libertad humana, o
dicho de otra forma, soy libre de vivir mi propia vida únicamente porque soy
libre de morir mi propia muerte. En el paradigma Hegeliano de la relación entre la muerte y el acontecer del sujeto
donde la muerte es esencialmente voluntaria como el resultado de los riesgos
asumidos conscientemente por el sujeto, donde el “animal” que constituye al
sujeto humano de forma natural es derrotado, y realmente se convierte en un
sujeto separado del animal, siendo a través de la confrontación con la muerte protagonista
en el movimiento incesante de la historia. Ser sujeto, por lo tanto, supone el
resguardo de la obra de la muerte, donde Hegel define la vida del espíritu como
la vida que no le tiene miedo a la muerte y repara en su autodestrucción, ya
que asume su muerte y vive con ello alcanzando su verdad sólo por la búsqueda
de sí mismo en la desmembración absoluta.1
Para
Martin Heidegger el ser para la muerte es una manifestación de libertad,
mientras que Georges Bataille sugiere que la muerte en el sacrificio, en
realidad no revela nada,2 no es sólo la absoluta manifestación de la
negatividad, es también una comedia. Para Bataille, la muerte revela el lado
animal del sujeto humano, al cual se refiere también como a su ser natural. Para que el hombre se revele finalmente a
sí mismo, debería morir, pero tendrá que hacerlo viviendo, mirándose dejar de
ser. En otras palabras, el sujeto humano debe estar plenamente vivo en el
momento de su muerte para disponer de plena conciencia, para vivir teniendo el
sentimiento de estar muriendo; la misma muerte debería convertirse en
conciencia (de sí) en el mismo momento en que destruye el ser consiente,
mientras que para el Kamikaze el sacrificio
consiste en especular la ejecución de sí, en ser su propia víctima. ¡Pero es un
engaño!
Y
para Bataille este es más o menos el medio por el cual el sujeto humano se
“engaña voluntariamente” con el auto-sacrificio que consiste en el rechazo a
una doble prohibición: la de la autoinmolación (suicidio) y la del asesinato.
En el sacrificio la muerte adquiere un carácter de transgresión pero, a
diferencia de la crucifixión, no tiene dimensión expiatoria, de hecho una
persona muerta no puede reconocer a su asesino, quien también ha muerto, lo que
implica que la muerte se manifiesta como pura aniquilación y nada más que
exceso y escándalo. Ya sea que se observen bajo una perspectiva de esclavitud,
guerra o de ocupación colonial, muerte y libertad están irrevocablemente
relacionados ya que vivir bajo la forma de ocupación contemporánea es
experimentar de forma permanente la vida en el dolor y en cierta forma de
locura marcado por el exceso, la muerte se transforma en el mediador de la
redención y se percibe como una solución al terror y a la servidumbre.
Un
ejemplo de Gilroy sobre la preferencia de la muerte a la servidumbre para el
esclavo o el colonizado que por el hecho de existir, la misma ausencia es el
medio para tener en cuenta su propia mortalidad en referencia a la práctica del
suicidio individual o colectivo de los esclavos rodeados de cazadores de
esclavos, por lo que la muerte es precisamente aquello por lo cual y sobre lo
cual tengo poder.
Los muertos vivientes.
El
valor de mi vida y mi muerte están cifradas a mi vulnerabilidad. Así como la
flama de la vela que sigue su curso mientras su condición de vela lo permita,
existen otros factores independientes a la parafina o al pedestal donde se
cierne la flama a las que está expuesta, donde corre el riesgo de extinguirse
de manera abrupta y sin reparos por situaciones diversas, ajenas e
incontrolables. Una corriente de viento, un chisguete de agua, caer de lado
contra el piso y apagarse o la repentina falta de oxígeno en el ambiente son
aspectos que condicionan la existencia de la llama y la vuelven vulnerable,
dentro de la misma analogía nuestra naturaleza humana y por lo tanto mortal nos
vuelve entonces igualmente vulnerables. De la vida política y nuestra
exposición a la violencia globalizada que ya no sólo focaliza geopolíticamente
los territorios en conflicto si no que expone las condiciones en que se
manifiestas los diferentes niveles de muerte y violencia.
Y
ante tantos horrores y riesgos de vivir y la confrontación del reconocimiento
de nuestra vulnerabilidad, nos encontramos frente al hecho de que la vida es
valiosa porque es vulnerable, pero que no todas las vidas son igual de valiosas
y existen factores políticos identificables que determinan cual vida vale la
pena sin tener una escala cifrada dentro de la lógica y la razón que logren
determinar de forma generalizada que es lo que hace que una vida valga la pena,
o que simplemente valga más que otra, o en sentido contrario cuáles son las
implicaciones políticas de la muerte. Estas implicaciones inherentes al
acompañamiento de la pérdida del ser querido que se canaliza en nuestra psique
a través del duelo pero trasgrede nuestros pensamientos y se transmuta en un
dolor físico de la ausencia, de la mutilación, del espacio vacío que se
estaciona en una sensación de incompletud
y se percibe como un cambio permanente en el que las cosas jamás
volverán a ser las mismas a lo largo de nuestras vidas porque esas personas que
formaban parte de nuestra red de enlaces afectivos se rompe en un punto y se pierde
ese lazo para siempre. Al mismo tiempo el duelo permite elaborar en forma
compleja el sentido de una comunidad política, comenzando por poner en primer
plano los lazos que cualquier teoría sobre nuestra dependencia fundamental y
nuestra responsabilidad ética necesita pensar. En esta medida los otros nos desintegran y si no fuera así, algo nos
faltaría en una desposesión de un modo de ser para otro o a causa de otro, en
un estado “ex-tático” estando fuera de uno mismo siendo transportado por una
pasión más allá de uno mismo, pero también fuera de sí de rabia y de dolor.
Todo aparece en un ciclo durante la pérdida, bajo las condiciones que sean todo
se empecina y es parte del mismo ciclo, lo que está mal es sistemático y es
fundamental para la necropolítica, somos títeres, y somos movidos por muchos
factores de la dimensión pública de nuestros cuerpos.
La resistencia suicida.
Es
necesario entonces dar la vuelta al sentido de nuestra vida, dejar de luchar
contra la muerte y el miedo de dejar de existir o de perdernos a nosotros
mismos dentro de nuestra propia existencia, combatir la apoliticidad de nuestra vulnerabilidad y
modificar nuestra noción de las dimensiones en busca del bienestar de uno mismo
en la medida del bienestar del otro. Comenzar a vivir en acompañamiento de
nuestra muerte y nuestra condición primaria de vulnerabilidad apartado del
apego radicalizado. Porque tal vez exista otra forma de vida en la que uno no
quede convertido emocionalmente en un muerto ni miméticamente en un violento, un
modo de salir del círculo de la violencia.
Referencias Bibliográficas.
·
J.-A. Mbembé, Libby Meintjes. Necropolitica. Publicado por Duke University Press.
·
Judith Butler. Precarious life.
Capítulo 2, Violence,
Mourning, Politics.
1- G. W. F. Hegel, Phénoménologie de l’espirit, trans. J.P. Lefevre (Paris:Aubier, 1991). Ver también la crítica de Alexander Kojève, Introduction à la lecture de Hegel (Paris: Gallimard, 1947), especialmente el apéndice II, “L’idée de la mort dans la philosophie de Hegel”, y Georges Bataille, Oeuvres complètes XII (Paris: Gallimard, 1988), especialmente “Hegel, la mort et le sacrifice”, 326-48, y “Hegel l’homme et l´histoire,” 349-69.
2. 2- Geoges Bataille, Oeuvres complètes, vol 12, Gallimard, 1988, Année 1955 – Hegel, la mort et le sacrifice, p. 336

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